RECORD DE ALTURA EN MOTO         

          Relato y descripción de lugares, personajes y vivencias de un viaje más en moto.         
          --   Cristian C. GRASSO   --         
cristian.grasso@erre40.com.ar

CRÁTER CORONA DEL INCA

El acceso al Cráter Corona del Inca, también llamado Inca Pillú, es una expedición de grado extremo y máxima dificultad, donde se pone a prueba la capacidad de las motos y pilotos, el estado físico y la templanza del espíritu humano, ascendiendo hasta el borde del gran cráter a los 5.500 msnm, situado en los confines de la Cordillera de los Andes, entre los volcanes Bonete, Veladero y Pissis, los más altos del planeta. El cráter Corona del Inca de 5 Km. de diámetro en sus crestas, con glaciares perennes en sus bordes internos y una espectacular laguna azul a 350 metros de profundidad es en este caso nuestro objetivo final para este viaje.
El cráter se encuentra en la provincia de La Rioja en cercanías al Parque Nacional Laguna Brava. Transitando sobre el paso de Pircas Negras rumbo al límite, apenas pasando la Laguna Brava, hay que desviar unos 50 kilómetros hacia el norte por la dificultosa huella que más adelante les voy a describir.
Inicio la travesía en mi KTM 990 junto a un grupo de amigos en otras motos durante el mes de Marzo rumbo al objetivo preestablecido. Como complemento a este viaje también visitaríamos la Mina de oro abandonada La Mexicana en lo alto del Famatina cerca de Chilecito en La Rioja. Este objetivo secundario era meta pendiente de un viaje de 6 meses anteriores. Oportunidad en la cual no pudimos llegar hasta los túneles perforados a mano en busca de oro debido a la gran cantidad de hielo del camino. Mejor me detengo unos párrafos y les cuento esta linda experiencia sobre el hielo en La Mexicana.
 

LAS SALINAS GRANDES.

Cruce de las Salinas Grandes (Córdoba - La Rioja)

Seis meses antes arrancamos hacia el Famatina en busca del brillo perdido en aquellas coloridas montañas. Transitamos caminos desde Rafaela (Santa Fe) siguiendo un trazado que había delirado (perdón, quise decir delineado) mi amigo Javier de San Guillermo que también viaja en su KTM 990.
El bosquejo de ruta de Javier nos hizo transitar cruzando de lado a lado y justo por el medio las Salinas Grandes ubicadas entre las provincias de Córdoba y La Rioja.


Las KTM observan el monte espinudo que atravesarán para llegar al salar.

Por momentos las polvorientas huellas con extensos guadales hacían bastante difícil la conducción de las motos, y aun faltaban varios kilómetros para empezar el cruce del salar.


Interminables kilómetros de finísima arena ingresando al salar.


Mi amigo Javier me dice que -"por allá vamos"-

En un momento Javier que iba a la cabeza regresa unos metros sobre la huella que transitábamos en medio del monte de espinillos y mientras se reagrupan las motos informa que estamos a punto de ingresar a ese inmenso desierto blanco en esta árida zona deprimida formada hace millones de años.
“ Muchachos: Les aseguro que mete miedo, pero lo vamos a cruzar”, fueron las textuales palabras de Javier, mientras nosotros casi no alcanzábamos a divisar la cascara salada semitapada por los últimos arbustos. Nos organizamos bien, se acordaron todas las instrucciones, se habló de no separarse demasiado para no perderse y las dos motos con GPS salimos adelante para ir marcando el camino.
Una sensación maravillosa la conducción sobre este espejismo blanco cuyo horizonte apenas es una línea muy delgada que se confunde constantemente con el cielo. No hay ninguna referencia a la vista, solo una línea en la pantalla del GPS te da una idea de dónde estás y hacia dónde vas.
Las motos levantan una gran nube de polvo salado y obliga a los de atrás a tomar mayores distancias para no respirar esas partículas. El último del grupo (Horacio) quedó un poco más alejado y sin GPS solo se avocó a seguir la polvareda blanca, en un momento la nube se fue desvaneciendo y el amigo Horacio se dio cuenta que esa nube era desplazada por el viento y se había apartado muchísimo del grupo, a tal punto que nadie ni nada tenía a la vista. Decidió volver en busca de las huellas del resto siguiendo su propia huella para ir a nuestro encuentro, pero el nerviosismo y la tensión del momento lo desorientaron por completo y comenzó a circular en sentido opuesto alejándose del resto del grupo. Por suerte en un reagrupamiento nos dimos cuenta del faltante y salimos a buscarlo hasta que lo encontramos paseando en “solitario”. Todo esto nos demoró más de una hora, pero por suerte todo salió bien. Sirva esto como experiencia de aprendizaje para todos aquellos aventureros que encaren territorios de estas características.


Horacio, el extraviado del salar



Continuamos, cruzamos la parte plana de sal, iniciamos la salida, y aquí comenzó una zona muy difícil para las motos, porque todo el terreno está cubierto de pastizales resecos de mediana altura y no queda otra alternativa que transitar si o si pasando por encima de todas las matas con el riesgo de pinchaduras, las cuales fueron muy pocas y solucionables rápidamente con las espumas en aerosol.
Finalmente llegamos a las primeras huellas del lado opuesto, las cuales tenían el mismo o mayor grado de dificultad que las anteriores, lo que sumado al cansancio hizo que sean kilómetros interminables y agotadores de guadales en medio del monte salitroso Riojano hasta llegar al destino de ese día en Chamical. Todos agradecían a Javier por habernos llevado a transitar esos parajes.


Interminables kilometros de guadales saliendo del salar..

EL HIELO EN LA MEXICANA

Al día siguiente continuamos hasta Chilecito y organizamos todo para visitar La Mexicana. Este recorrido tiene un atractivo muy especial por el gran colorido de las montañas mientras que no presenta gran dificultad.


Portezuelo Blanco. Camino de ascenso La Mexicana.


Camino de ascenso La Mexicana


Impactante cañón arcilloso corta el camino y hay que descender casi hasta el fondo para vadearlo en un extremo.

Pero a mitad de camino nos empezamos a encontrar con los arroyos congelados y se hacía muy complicado pasar con las motos sobre esas resbaladizas superficies irregulares congeladas. Pero con paciencia y algún que otro golpe fuimos avanzando.
Una de las motos pincha una rueda y algunos se quedan acompañando y ayudando en la reparación. Otros seguimos andando para ver hasta donde se puede avanzar. Por momentos a demás de los arroyos congelados hay varios metros del camino totalmente cubiertos de hielo. Igualmente seguimos avanzando penosamente hasta llegar a una pendiente cubierta de hielo que resulta imposible de remontar con las motos. Así que con gran desilusión pegamos la vuelta y desandamos camino.
Llegamos hasta el grupo que reparaba la cubierta averiada. La tarea de reparación había dado resultados negativos ya que al rearmar la goma se pellizcó la cámara inutilizándola. Vuelta a desarmar para poner otra cámara (la última que había). En ese momento y mientras el sol se ocultaba tras las montañas y la temperatura descendía bruscamente un par de camionetas 4x4 que regresaban de lo alto se detienen en auxilio. Esperaron 5 minutos hasta que se rearmó con la nueva cámara que se volvió a pellizcar durante el armado (sin más palabras). Así que como nos estábamos congelando cargamos esa moto averiada en una de las camionetas que gentilmente nos brindó su ayuda y bajamos “volando” hasta Chilecito.


Andando sobre el hielo. Camino de ascenso La Mexicana.


Andando sobre el hielo. Camino de ascenso La Mexicana.

El gélido viento entre las alargadas sombras del atardecer intentó echarnos definitivamente de ese lugar que es eternamente suyo. Pero gracias al uso de la indumentaria adecuada y del chaleco eléctrico calefactor no pudo calar nuestros huesos y prometimos volver.


Horacio reparando la cubierta pinchada..

Seis meses más tarde volvimos con la mismas ganas de siempre…
Los cascarones de hielo ya habían sido devorados por el sol del verano. Y llegamos a la Estación 9 de La Mexicana sin inconvenientes.


Camino de ascenso La Mexicana en época de verano.


Caída en arroyo camino ascenso La Mexicana.


Estación 9 “Upulungos” la Mexicana. Última del recorrido. 4600 m.s.n.m.


Túnel abandonado bocamina Estación 9.


Cablecarril en Estación Nº8. Al fondo se puede apreciar la ciudad de Chilecito en la planicie.


Horacio esta muy agotado. Se detiene a descansar y aprovecha para broncearse un poco.

CORONA DEL INCA ó INCA PILLU

Con toda la logística preparada apuntamos al Cráter.
Nos acompañaban 2 camionetas de apoyo pertenecientes a nuestro grupo y otros tres vehículos especiales de amigos de Chilecito que llevaban todo lo indispensable para resolver cualquier contingencia en este tipo de aventuras: comida, neumáticos de repuestos, agua, combustible adicional, botiquín primeros auxilios, tubos y máscaras de oxigeno, herramientas, etc., etc.
En la primera etapa arrancamos desde Chilecito muy temprano a la mañana, pasamos por la rojiza Cuesta de Miranda, llenamos todos los tanques de combustible en Villa Unión, pasamos por Vinchina, serpenteamos la retorcida Quebrada de la Troya, Jague y sus características casas de adobe alineadas por sobre el barranco de la profunda calle principal, bordeamos toda la laguna Brava y continuamos sobre el Paso de Pircas Negras casi hasta el límite Internacional con Chile para refugiarnos en el campamento de Barrancas Blancas, donde los muchachos encargados nos atendieron de maravillas.


Tonos rojizos dominantes en la Cuesta de Miranda.


Cuesta de Miranda.


Altos de Jagüé y sus características casas sobre las barrancas de un río seco.


Laguna Brava.


Refugio de arrieros - Veladero.


Hacia el Paso Internacional de Pircas Negras.


Límite Internacional Pircas Negras.


Obrador Barrancas Blancas.

En este lugar se hacen los ajustes y preparativos finales para el día siguiente. Algunos del grupo ya no se sienten demasiado bien por el intenso frio y por la gran altura.
Cenamos liviano y todos a dormir, al menos los que puedan, porque la altura ya está produciendo muchos malestares.
Son las 7 de la mañana. Todo está listo, ya es hora de ir saliendo. Pero las dos camionetas de nuestro grupo no van a continuar porque los conductores y acompañantes no están para nada bien y tienen que descender. No hay inconveniente porque todavía quedan 3 vehículos 4x4 para acompañar y asistir en caso de ser necesario a las 6 motos que encararemos la trepada.
Listo…! Arrancamos.


07:00hs y 2ºC bajo cero - Reaprovisionamiento de combustible antes del ascenso final.

El sol todavía no se asoma, solo la claridad brota por detrás de las montañas. Después de unos pocos kilómetros los primeros rayos de sol aportan algo de calidez. Los 2 grados bajo cero de los termómetros parecen ser más bajos aún al transitar la huella que por momentos nos obliga a marchar en las escarchadas sombras de las montañas. Por supuesto que el chaleco y los guantes eléctricos calefaccionados conectados al máximo ayudan a mitigar el tan intenso frío.


Asoman los primeros rayos de sol de la mañana


El grupo de motos y los vehículos de apoyo antes de tomar el camino de ascenso

La huella es de mucho pedregullo suelto, la lucha por el equilibrio sobre las dos ruedas es a muerte. En un momento la Africa Twin y su piloto (Horacio, el extraviado del salar) dicen “basta” y emprenden el regreso. Más adelante Ariel con su Honda Varadero 1000 y Germán con su Yamaha 600 también se detienen, pero dejan las motos en el lugar y continúan andando sobre los vehículos 4x4.


Primeros kilómetros de recorrido en el ascenso al Cráter Corona del Inca.

Continúan subiendo Darío en su Yamaha 600, Javier en su KTM 990 y yo también en mi KTM 990. El camino ya no es una sola huella, comienza la zona de médanos y hay que andar “por donde se pueda” y por donde la arena este más firme y con menos huellas. Es la zona del primer arenal y comienzan las enterradas de las motos al bajar la velocidad, pero con lentitud para no cansarse por la falta de oxigeno se liberan los atascos y se continua avanzando.


Rumbo al Cráter Corona del Inca. El primer arenal.

Lentamente el suelo arenoso se va cubriendo de rocas y entramos en la zona del pedregal. Enormes rocas están desparramadas por todas partes y hay que andar buscando la forma de sortearlas y avanzar. En esta parte también nos encontramos con algunos arroyitos congelados que entorpecían el paso, pero no logran detenernos. Cuando llega un momento en el que estamos “cansados” de esquivar piedras en busca de un hueco para adelantar termina el pedregal y comienza el segundo arenal.
En esta parte la arena es más firme y lisa con lo cual se puede andar más rápido y sin tanto agotamiento físico. Javier y Darío se alejan en la punta y yo voy más rezagado mientras los vehículos de apoyo me vienen pisando los talones.


Rumbo al Cráter Corona del Inca. El pedregal.


Rumbo al Cráter Corona del Inca. El segundo arenal.


Rumbo al Cráter Corona del Inca. El segundo arenal.

El agotamiento me está batallando, pero no puedo dejarme vencer. Estamos a 5200 m.s.n.m. y la falta de oxigeno hace estragos en mi organismo, mi cabeza quiere estallar, mis brazos no resisten como antes los constantes esfuerzos del manubrio con la rueda delantera metida en la arena, las piernas ya no quieren tenerme parado sobre los pedalines; pero ya debe faltar muy poco.
Las sensaciones antes detalladas, sumadas a la ansiedad por llegar, a la incertidumbre por lo que encontraré y las emociones por el logro a punto de concretarse forman un coctel que electriza mi cuerpo y aportan la energía necesaria para vencer el desafío.
¡ Qué suerte…! Estamos saliendo de los médanos y empieza suelo firme. Ahora rodamos sobre un piso más estable pero tremendamente ondulado y con gran pendiente en ascenso, a esta altura las motos deben tener la mitad de la potencia que tienen a nivel del mar y si que se nota. Se empiezan a divisar penitentes de hielo por todas partes y a lo lejos, por fin la pendiente termina, entro en una pequeña planicie y en pocos metros ya estoy al borde del cráter donde me detengo y sentado sobre la moto observo conmovido, observo y observo y observo…


Últimos metros de ascenso al Cráter Corona del Inca. Interminables ondulaciones con fuerte pendiente.

Estoy casi a 5500 m.s.n.m., allí está todo ante mis ojos: El Gran Cráter Corona del Inca, luciendo sus blancos glaciares perennes en el lado norte, puedo apreciar la espectacular laguna de aguas azules a 350 m de profundidad, es el lago navegable más alto del mundo, sus aguas tienen un color azul profundo único debido a su composición química y a la transparencia del agua.
Lo logramos…!


Cráter Corona del Inca. Punto culminante de la travesía.

Desciendo de la moto, saco mi tubo de oxigeno de la mochila y le doy un alivio a mi organismo mientras sigo mirando ese extraordinario rincón del planeta.


Respirando un poco de oxigeno para mitigar el mal de altura.

Sobrevienen los comentarios y fotos con Darío y Javier que también llegaron en sus motos e igualmente con los que llegaron en los vehículos 4x4. Luego nos acercamos a los glaciares, tomamos trozos de hielo que usamos para preparar un exclusivo brindis y………………… Salud…!


Penitentes en la cima del Cráter. ¡ Muy buen hielo para el Fernet del brindis...!

Salud, amigo motero…Gracias por tu tiempo en la lectura y permitirme compartir esta aventura con Vos.
Nos encontramos en el próximo viaje.
Salud…!

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